¿Realmente alguien puede sentirse sorprendido de lo que pasó? ¿Alguien no lo vio venir? Por fanatismo, por ceguera, por fingir demencia, muchos decían que el olor a mierda era en realidad a flores silvestres. Muchas, pero muchas veces se advirtió desde este mismo lugar lo que sucedía y quedó en evidencia en esta noche húmeda de sudor y de lágrimas. Las imágenes se cruzan y es increíble que en un solo partido Boca sea capaz de generar tanto. Menos fútbol, de todo. Pero de todo. El cabezazo al travesaño de Milton, el insólito gol errado por Cavani, el inesperado cambio de arquero que no queda claro desde dónde partió, el penal más caliente en los pies del menos preparado para patearlo, las declaraciones del técnico que salpican con lava el orgullo del hincha, el veredicto definitivo de una Bombonera cansada de los fracasos que quiere que se vayan todos.
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No hay apuro, muchachos. No hay apuro en echar a Gago ni en pedirle la renuncia. Total, ¿qué más puede perder? Estamos condenados a otro año en el exilio, segundo seguido sin Libertadores, y el suyo es un ciclo terminado, no importa cuándo se vaya. Ya está, se acabó. Algunos ilusos sugerían echarlo después de que nos clasificara, no se dieron cuenta a tiempo de que Gago pierde todo lo que se pueda perder, y lo anunciamos acá mismo antes de que lo contrataran. Basta repasar su historia. Fernando en ese tipo que va caminando por la calle y una nube le llueve encima a él solito. Se le secan los cactus. Se le hacen veganas las plantas carnívoras. Es todo un caso. Esto de perder por penales lo hemos gozado desde el otro lado, cuando estaba en Racing: le ganamos una definición mano a mano y un campeonato porque no fue capaz de elegir al pateador adecuado.
¿Alguien dudaba en serio de que Velasco iba a errar ese penal? Lo raro fue que en el cambio de arquero, en los segundos durante los cuales Brey fue al arco por dentro de los 90, no nos abrochara Paolo Guerrero, el tipo al que tuvo en Racing y con el que terminó peleado. Hubiera sido muy Gago.
Sólo el deseo muy fuerte de seguir adelante nos hizo soñar a los hinchas con una noche épica de Brey. Estaba cantado, tanto como el errado de Velasco, que el pibe no iba a atajar uno solo (el mismo chico que en otra serie atajó todo lo que le patearon). Es muy fuerte lo que pasa, ese sino trágico que lleva a todos lados el (todavía) técnico de Boca.
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Que Gago sea el técnico de Boca es, además, un choque de culturas, de planetas. Hace apenas unos días le pedimos que se hiciera de Boca. No era un gaste, no importa de qué cuadro es hincha. El tema es que no nos representa ni un poquito, ese era el foco de la nota. Como si hubiera hecho falta una confirmación, anoche, en una conferencia de prensa difícil que muchos pensaron que no iba a dar, el tipo dijo, textual: "Tengo claro que generalmente en el fútbol se pierde". Lo dice como técnico de Sportivo Ganar Siempre. Eso solito amerita una buena patada en el orto. Pero insisto: no importa, ya está, ya nos cagó el año. ¿Qué apuro hay? Que se vaya cuando quiera, que lo echen cuando se les antoje. No encontró el equipo, no potenció un jugador, su última imagen como técnico de Boca -más allá de cuándo se concrete la salida- es la de un hombre mirando el piso durante los penales. Vencido. Entregado. Eso no puede ser técnico de Boca. Punto.
Hay, claro, una serie de sucesos atados y una cadena de responsabilidades. Si Cavani hubiera metido ese gol insólito que erró al final del partido, sin arquero y en el área chica, no estaríamos hablando de esto. No es la primera vez que el uruguayo se pierde un gol imposible, le pasó en la Sudamericana pasada: erró el segundo contra Cruzeiro en la Bombonera y nos abrocharon en Belo Horizonte. Da risa Román cuando dice sin ponerse colorado que es "el mejor extranjero de la historia del fútbol argentino". ¿Se lo creerá él? Es un buen momento para que el uruguayo cuelgue los botines o se vaya a ganar sus sueldos altos a algún otro lado. ¿Qué va a esperar? ¿La próxima Libertadores? Falta un año y, como están dadas las cosas, nadie asegura que vayamos a clasificarnos. Además, ¿qué nos hizo ganar? Nada. Perdió hasta el sorteo para arrancar pateando los penales.
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El segundo hecho es la entrada de Brey por Marchesín. ¿Estuvo bien? Con el diario del miércoles es fácil decir que no, pero es discutible. El tema es saber, hurgando entre los códigos del fútbol que suele defender Coco Basile, qué es lo que pasó. ¿Marchesín pidió salir cuando fue al banco o sólo cumplió en recordarle al cuerpo técnico algo que según Gago estaba charlado? Si lo decidió Marchesín, es eliminatorio: hay que rajarlo. Si Gago aceptó que tomaran por él la decisión, es eliminatorio también (para el DT). Si en cambio es una decisión sesuda tomada por los antecedentes, es aceptable. No salió, es cierto, pero se sabe que las decisiones anteceden a los hechos. Hablar ahora es una pelotudez. Si hubiera salido bien, estaríamos hablando de estrategia, de heroísmo y otras yerbas. No vale.
El tercer hecho es el penal que nos termina de dejar afuera de la serie contra un equipo que, hace muy poco, perdió con Deportivo Morón. Muchos no lo sabían, pero la misma formación que jugó anoche contra Boca perdió 2-1 con el Gallito un amistoso. Podríamos terminar todo acá, pero sigamos. Velasco era, posiblemente, el tipo menos indicado para patear el quinto penal. Las explicaciones de Gago no dejan del todo claro si lo pusieron en ese lugar o lo eligió el pibe. Como sea, era algo que debió haberse evitado. Los penales se componen de técnica de ejecución y confianza. En el segundo rubro, Velasco está menos diez. No gambeteó a un solo tipo desde que llegó y desde las tribunas ya putean por los 10 millones de dólares que increíblemente pagamos por él, convirtiéndolo en el refuerzo más caro de nuestra historia. No darse cuenta de que el pibe no está preparado espiritualmente para patear es no entender nada de fútbol. Y habrá que ver cómo hace el pobre para levantar este muerto (si lo levanta).
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Todos estos hechos tiene una consecuencia que viene amasándose desde hace un buen rato: el hastío de la gente, que por fin se puso los pantalones y le pidió a Riquelme que se vaya. No hizo falta que lo putearan -está muy bien que no se lo insulte, es un ídolo- porque quedó sabiamente incluido en el "que se vayan todos, que no quede ni uno solo". Todos es todos. Gago, Cavani, Fabra, Janson, Martegani, el Consejo de Fútbol y Riquelme, claro, que es el máximo responsable y, además, con responsabilidad directa sobre la contratación de todos los demás. Él puso al Consejo para que no lo putearan (Cascini, Delgado y Serna no eligen ni la marca de yerba que se usa), él segó un plantel con algunos muy buenos jugadores y lo reemplazó por una cantidad de impresentables que no están a la altura del club. Él tampoco está a la altura. Es un fracaso rotundo como encargado del fútbol. Un coleccionista de papelones. La misma gente que lo eligió en elecciones democráticas le pide ahora que se vaya. Es fuerte, muy fuerte. Pero no sorprende. La Bombonera habla. La pueden amordazar un rato, pero no toda la vida. Porque La Bombonera es Boca. Y Boca está por encima de todos. Se vayan quienes se vayan, va a seguir existiendo por los siglos de los siglos. Amén.
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