¿Cómo se sale de esto? ¿Cómo sale Boca de esto? Llegado el punto crítico de depender de un resultado para salvar el año y evitar la eyección de su técnico con unos pocos días por delante y la presión en contra, no parece una cuestión sencilla. Sin embargo, hay algunas acciones efectivas que pueden realizarse y que implican, básicamente, un solo cambio. El cambio de una persona.
Gago no es Boca. Y Boca necesita ser más Boca que nunca para dar vuelta esta historia. No sólo la serie con Alianza, un rival de menor valía y nulos pergaminos sudamericanos, sino para torcer el rumbo errado que lleva este ciclo.
Increíblemente, y a pesar de haberse formado en el club desde chico, Gago no es Boca. Más aun, representa todo lo contrario de lo que es Boca. Para quienes no lo recuerdan, o no estaban en ese momento en el día a día, cuando subió a Primera precedido por su fama de pichón de crack, de pibe que rompía moldes, se decía que el pequeño Fernando llegaba a cambiar el paradigma, el estereotipo del 5 de Boca. Un extraordinario jugador que venía a interrumpir una historia de volantes centrales barreros, raspadores y hasta violentos, que habían dejado su marca en los libros y en las piernas de los rivales. El joven Gago era un 5 distribuidor, de pase vertical y quirúrgico, que pedía todas las pelotas señalándose la punta del botín, desde donde -cabeza levantada- se ponía a conducir a tipos mucho mayores que él. Fastidioso crónico, muchas veces caracúlico y de sonrisa difícil, Gago era el fútbol, pero sin carisma. Provocaba una admiración distinta de la podíán generar un Giunta o un Serna.
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Se lo llevó el Real Madrid -27 millones de dólares, la venta récord de todos los tiempos para la institución- sin que se hubiera ganado a la gente de Boca. Incluso con el reconocimiento a sus enormes condiciones, nunca se la ganó -es cierto que jugó poco.Tampoco a su regreso de Europa como jugador ni hasta ahora como técnico.
La soberbia, pecado de condena bíblica, nunca está justificada. Pero es más entendible cuando los que la exponen y ejercen son ganadores irrefutables. Cristiano Ronaldo -modelo de soberbia- o Carlos Bianchi -en un estilo mucho más tranquilo-, tenían con qué. Gago se muestra muy seguro de su mensaje y desprecia otras formas, pero todavía tiene que probar que su método funciona, que sabe cómo transmitirlo, que los jugadores lo entienden y debe lograr, luego, que se convenzan de defenderlo. Lamentablemente para Boca -y para él mismo- nada de eso está ocurriendo.
El equipo es un caos y ni siquiera tiene ese toque de elegancia que lo distinguió como futbolista. Ataca poco y mal, se repite, es previsible y todos le toman el tiempo, hasta los menos agraciados. Este Boca no representa a Boca y lo peor: tampoco representa a Gago. Uno podía estar o no de acuerdo con su Racing, pero tenía partidos que daba gusto ver y fue el equipo que sacó más puntos en un año. No lo coronó, no fue campeón de nada importante, y eso, aunque duela, también es Gago. Un tipo que jugó en dos equipos coperos por excelencia como Boca y el Real Madrid y no ganó la Libertadores ni la Champions. Una marca cuanto menos llamativa.
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Pero más que repasar lo que fue o es, hay que hablar de lo que necesita ahora. Que puede ser mucho para él, pero no es tanto. Tiene que ganarse el respeto, la confianza y la credibilidad de sus jugadores: si vos les planteás algo y no sale a la primera, a la segunda o cuatro meses después, si cambian los jugadores pero no los resultados, es difícil que los futbolistas vayan a inmolarse por esa idea. Difícil jugársela por algo en lo que uno no cree. Es exactamente lo contrario de lo que ocurre con los suicidas religiosos que están dispuestos a entregar su vida, tan convencidos están de su fe.
Gago tiene que despojarse de Gago y vestirse de Boca. El sabe perfectamente qué es eso porque lo vivió, aunque no lo comparta. Boca es la sencillez de Bianchi, la viveza del Toto Lorenzo, el vozarrón callejero de Coco Basile. No es esa gestualidad de mimo al borde del campo, un payaso triste al que nadie mira ni escucha.
Boca es 4-4-2 o 4-3-1-2. Y por encima de cualquier sistema, Boca es ese soldado que se tira encima de la pelota como si fuera una granada para salvar al resto; un equipo solidario, protagonista, agresivo, feroz e inteligente. Que arriesgue la piernas al límite sin hacerse echar, que se deshidrate de tanto correr, que se quede afónico de tanto arengar, que le coma el bocho al juez desde el minuto cero, o menos diez. Y que sepa usar a su favor la mejor cancha del mundo, claro. Ese Boca queremos ver. El que nos hizo felices.
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