Radiografía de Carlos Palacios, el cerebro de Boca que mima Riquelme y se sobrepuso a los rechazos por su físico
El volante chileno llegó al Xeneize en el último mercado después de una larga insistencia e intentos fallidos. Se formó en una escuelita de un exfutbolista profesional, con 12 años pasó a Unión Española y su talento se impuso pese a las críticas por su físico.

Dos escenas, una misma película. Carlos Palacios tenía 12 años y llevaba dos meses entrenándose en la Universidad Católica cuando le dijeron que no iba a ser tenido en cuenta. Fue uno de los primeros rechazos que recibió en su búsqueda de ser futbolista. El otro llegaría tres años más tarde.Pero antes, la segunda escena: el mismo actor, pero con 24 años, celebra un gol de cara a la popular que se le viene encima y luego un gesto. Las manos detrás de las orejas mirando en dirección al palco que siempre ocupa él, su ídolo, Juan Román Riquelme, el presidente que lo buscó durante meses hasta conseguir que jugara en Boca. En el medio, entre una escena y otra, a Carlos Palacios Núñez le pasó la vida.
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El pase filtrado que otros no ven, elegir siempre al compañero mejor ubicado, sus desplazamientos pausados, la manera de cubrir la pelota defendiéndose con los brazos y la agudeza para entender dónde están los espacios del rival son las virtudes que empezó a mostrar en los 376 minutos que lleva disputados en seis partidos con la camiseta azul y oro. Pero los que lo conocen dicen que el hombre nacido en Renca el 20 de julio del 2000, que con la 8 en la espalda digita el juego del equipo de Fernando Gago y, a veces, hasta les indica a sus compañeros dónde pararse para sacar ventaja, entiende el fútbol como pocos desde que era un niño y cuando todavía había muchas cosas de la vida que no entendía.
Tenía solo 8 años cuando en enero de 2009 se presentó en la escuela Chacabuco de Recoleta, una comuna al norte de Santiago, la capital del país vecino, en la Región Metropolitana. De allí también salieron más de una veintena de futbolistas que hoy se desenvuelven profesionalmente, como Lucas Alarcón o Jeisson Vargas. “Ya era un jugador con mucha técnica y que en el fondo siempre se adelantaba a lo que iba a hacer. Siempre se pensó que no tenía techo, que iba a llegar al fútbol profesional por sus condiciones. Marcaba mucha diferencia. Se venía hasta acá desde Renca (otra comuna de la zona) porque en ese momento yo tenía apoyo del municipio entonces era gratuita, no tenía que pagar para jugar. Siempre lo traía la madre, alguna hermana o a veces iba yo a buscarlo”, le detalla a tycsports.com Luis Lee-Chong, exfutbolista que se retiró en 1986 y desde 2002 acompaña a niños que se inician en el fútbol.
Aunque Carlitos, hasta ahora un futbolista de destellos en Boca, se guardaba varias cuotas de talento. “Siendo superior a los demás, se conformaba con una buena jugada, un pase entre líneas o un gol de tiro libre y pensaba que ahí terminaba todo. Con el tiempo ha ido mejorando en la parte técnica y física, que lo llevó a ser un jugador diferente”, agrega Lee-Chong. Por su nivel y gestiones de su DT, el chico pasó un tiempo a prueba en la Universidad Católica hasta que llegó el primer no. “Me llamó un día Jacqueline y me dice: ‘Profe, echaron al Carlitos’. Qué raro pensé, porque tenía todo para quedarse. Con el tiempo me enteré que el entrenador que tenía que decidir, Sebastián Barrientos, debía optar por él o Marcelino Núñez y se quedó con el segundo”, suma. Núñez, también categoría 2000, juega en el Norwich de Inglaterra desde 2022 y en el seleccionado de su país.
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Pero la puerta que se cerró, a Palacios le abrió un horizonte. Lee-Chong pensaba llevarlo a la Universidad de Chile cuandoun torneo de escuelitas que se realizó en el estadio Monumental de Colo-Colo cambió su destino, porque allí lo vio Jaime Carreño, hoy jefe de scouting de Unión Española, que le propuso sumarse al equipo sub-13 que comenzaría a dirigir en el conjunto hispano.
“Así empezó mi relación con él, lo tuve todo ese año y luego fue subiendo de categoría. Confiaba en el talento que tenía. Él te ganaba partidos de infantiles muy fácil. Luego coincidí en Primera como ayudante de Fernando Díaz cuando recién estaba sumándose al primer equipo. A veces no lo poníamos pero bajaba a jugar con los juveniles y hacía tres o cuatro tantos por partido”, sostiene Carreño en diálogo con tycsports.com.

Pero no siempre el fútbol le sonrió. "Con 15 años tuve un profe que no le agradaba mi estilo de juego. A veces me dejaba en el banco o directamente no me citaba. Pensé en dejar de jugar al fútbol o hacerlo solamente en mi barrio. Fue muy importante el apoyo de mi familia, me ayudaron a estar tranquilo”, supo contar Palacios. El tema de su físico lo persiguió durante estos primeros años de carrera. “Tenía una tendencia a engordar. En el club muchas veces decían que no mejoraba su alimentación, pero yo les respondía que tenían que saber de dónde venía, cómo vivía. Era de una familia muy humilde. Clubes como Unión Española muchas veces no tienen recursos como Colo-Colo”, aporta Carreño. No es casualidad que Jorge Almirón, su DT en el gigante chileno, recalcara en dos entrevistas, una en septiembre y otra febrero, que el último tiempo “mejoró en lo físico”.
Quizá esta es una de las explicaciones por las que no le fue bien en su primera incursión al extranjero cuando entre 2021 y 2022 jugó en Internacional y Vasco da Gama de Brasil, hasta que regresó para ponerse la camiseta del Cacique. Y también por qué, pese al notorio talento que arrastraba desde niño, nunca fue citado a los seleccionados juveniles de la Roja y su estreno fue recién en 2020, cuando ya tenía rodaje en Primera, por un llamado de Reinaldo Rueda.
Pero esta historia entre Palacios y Boca promete ser distinta. Es, antes que nada, una historia de amor. No solo porque el chileno ya tenía un interés por el azul y oro -hay una foto suya con 14 años abrazado a Agustín Orión en una visita del Xeneize al país trasandino que lo demuestra-, sino porque antes de que llegara en este mercado, Riquelme pasó meses seduciéndolo. Fue una relación que empezó con llamados. Del dirigente-ídolo al volante que lo admiraba de chico y festejaba sus goles con el Topo Gigio, igual que hizo en su estreno en la red en La Bombonera.
La relación casi se sella a mediados de 2024, pero no hubo acuerdo y la novela debió esperar un par de episodios más. A fines de ese año, antes de que terminara la temporada, Boca había acordado su incorporación. “Estamos muy contentos de estar presentando a Carlos. Estoy muy feliz de ver al señor al fin con la camiseta de Boca. Es maravilloso. Sabe que lo quiero mucho y lo admiro”, dijo Riquelme en la presentación del futbolista que lo escuchaba sentado a su lado.
“Desde enero que llevo una relación muy bonita con él. Me ha tratado superbién, la verdad. No sé qué me ve... Así que nada, le mando un abrazo. Que le pregunten (a Riquelme) qué me ve, para que él responda. Porque acá dicen que no saben qué me ve, no saben qué me encuentra. Estoy feliz de que el último ‘10′ me llame”, le había devuelto la pared Palacios en agosto en una entrevista con TNT Sports cuando aún era futbolista de Colo-Colo.
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La contención que le brinden en el Xeneize podría ser clave. “Hay que darle cariño, apapacharlo. Es introvertido. Quizá le ayuden mucho los jugadores de jerarquía y recorrido con los que va a compartir”, advierte Carreño, que también cuenta que cuando estaba en la Primera de Unión Española, más de una vez Palacios fue a alentar a Colo-Colo, club del que es hincha, con la barra. “Es una persona muy tímida, bastante reservado. No le gustan las entrevistas, siempre fue así y se aleja de los acontecimientos sociales. Pero dentro de la cancha nada de eso se nota”, aporta Lee-Chung. Aunque ese perfil bajo no lo hizo estar exento de que su nombre apareciera en las crónicas policiales porque en 2022, su expareja, con la que tiene un hijo, lo denunció por violencia intrafamiliar.
Pese al tiempo transcurrido, Palacios no se olvida de la escuela Chacabuco. Poco después de haber debutado en Unión Española en medio de la pretemporada en La Serena, pasó a visitar sin aviso a los chicos que estaban con Lee-Chung allí porque habían ido a participar de un campeonato. Compartió un rato, se sacó fotos y hubo charlas con los chicos que soñaban seguir sus pasos.

Hoy, ese joven de sonrisa amplia se volvió un titular habitual para Gago en el once de Boca. Por delante le espera el desafío de que sus buenos minutos se conviertan en grandes partidos con él como director de orquesta del azul y oro, igual que hacía su ídolo al que seguía de niño desde su barrio y como, cuentan, hizo más de una vez cuando jugaba con amigos o en la escuelita y tan solo añoraba ser Román. Hasta ahora, la mejor explicación sobre por qué este trasandino entusiasma tanto al público xeneize la dio el propio Riquelme la semana pasada: "Imagina cosas antes de que llegue la pelota y lo demostró en el gol frente a Huracán. Tiene cosas de número 10. Hace mucho que un jugador no me hacía sentir como cuando era chiquito".
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